•  Entorno paisajístico priviligiado: Sobresale el Cueto de Arbas (2007 ms.) con la laguna del mismo nombre, los montes de Tsoutsina, Monte’l Gato, Valdicuélabre y el lugar de Veiga’l Palu con su famosa “fonte de las bruxas”, en torno a la cual, según la tradición, se reunían aquellas en aquelarre.
  •  Habitantes salvajes: El oso pardo, el urogallo, el corzo, el lobo, el jabalí, etc., que nos pueden sorprender con su presencia en cualquier recodo de los montes circundantes; por otro lado, mencionar la sabrosísima “truita” en las frías aguas del río Luiña, provinientes del Cueto de Arbas.
  •  Naturaleza pura: Abundante vegetación entre la que cabe señalar el “capudre” (serbal del cazador) que nos colorea de rojo las sierras en el inicio del invierno, el sagrado teixu (tejo) relacionado con la vida y con la muerte, el boxe (boj) , el xardón (acebo), que forma verdaderos bosques, refugio de la fauna silvestre y domestica, ya que las vacas “moscan” en su interior durante los días calurosos del verano; existen además plantas medicinales como la xanzaina (genciana), la malva, la cirigüeña, la carqueixa (antiguamente usado como estropajo), los arándanos, la manzanilla, la tila, el azafrán silvestre, la aromática hierba de las “abetsas” (melisa), usada tradicionalmente como reclamo para atraer las abejas hacia las colmenas.
  • Testimonio de la arquitectura tradicional: Casonas blasonadas, casas de labranza, hórreos, paneras, corros, molinos, ¨fontes¨, brañas… son ejemplos de la rica y abundante arquitectura que se puede observar, fruto del aprovechamiento y la adaptación de nuestros antepasados a este maravilloso entorno. Además, contamos con un recinto castreño, sin excavar, que da nombre al lugar.